Microemprendimiento

Si bien existen varios autores que definen microemprendimiento, es importante destacar que la misma proviene del francés entrepreneur (pionero), término que generalizaba, a comienzos de siglo XIX, Jean Baptista Say, como “toda aquella persona capaz de dirigir una empresa actuando como intermediario entre el capital y el trabajo” (Lebendiker, A. 2013, p. 12).

Presentamos a continuación un breve marco teórico a partir del cual se procederá a explicar históricamente el origen de la palabra emprendedor y el crecimiento de los microemprendimientos en el país.

En la década del ‘30, Schumpeter, contemporáneo de Thomas Edison y Henry Ford, teorizó acerca del aporte que los grandes innovadores y emprendedores realizaban al crecimiento del capitalismo. “A partir de Schumpeter, el emprendedor fue considerado, a diferencia del hombre de negocios, no solo como un tomador de riesgo o un hábil constructor que se maneja en la incertidumbre, sino como un innovador” (Lebendiker, A. 2013, p. 13).
Para que un emprendedor tome la iniciativa, debe contar con pasión y voluntad, para aventurarse a la tarea de construir su propio camino. Comienza un desafío, poder sostener con perseverancia y optimismo la tiesura de tener que franquear ese proceso de construcción de una organización, que resulta del descubrimiento de una oportunidad o necesidad latente.
“Ser parte de una organización o crear la propia es una de las disyuntivas a las que una persona en condiciones de trabajar debe enfrentarse, al decidir si quiere desarrollar un emprendimiento o si prefiere emplearse” (Lebendiker, A. 2013, p. 12).


Retomando a los autores Rodríguez Garay et al (2011) quienes explican el crecimiento histórico de los microemprendimientos en el país,  alegando que la economía social o solidaria cobra relevancia en Argentina a fines del siglo XX a partir de una grave crisis que no sólo afectó el plano económico, sino que se extendió al tejido social y político, donde los años subsiguientes -2001, 2002 y 2003- fueron igual de críticos, pero agravados por un colapso financiero que produjo una considerable baja de la actividad económica con la consecuente caída del empleo, sobre todo del formal..
En el mencionado período, y siguiendo al mismo autor, las expresiones de la economía solidaria se multiplicaron bajo diversas formas: empresas recuperadas por sus trabajadores, cooperativas de producción y comercialización, microemprendimientos sociales, nodos de trueque, sistemas de comercio justo, entre otros.
Y es a partir de la crisis de 2001, cuando creció el número de microemprendimientos como un intento de superar los problemas económicos de muchas familias, caracterizados por aspectos relacionados con el esfuerzo, la creatividad y el espíritu de superación.

Por lo mencionado anteriormente y por la continuidad de la problemática de desempleo y exclusión, comienza a vislumbrarse como una oportunidad el autoempleo y, en consecuencia, el concepto de emprendimiento cobra mayor relevancia para la sociedad, resultando su estudio cada vez más interesante y necesario.





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